La frontera de la biónica
Durante la última década, las prótesis han avanzado enormemente en cuanto a movilidad y control mental. Sin embargo, existía una barrera que parecía insalvable: la falta de retroalimentación sensorial. Para un usuario de una mano biónica, agarrar un objeto delicado como un huevo o una copa de cristal era una tarea de “adivinación visual” al no sentir la presión. Esta semana, un estudio clínico ha confirmado que el uso de interfaces neuronales de alta densidad ha logrado que tres pacientes “sientan” texturas y niveles de presión de forma casi idéntica a una mano biológica.
Estimulación nerviosa de bucle cerrado
El avance radica en un sistema de “bucle cerrado”. Los sensores de presión situados en las yemas de los dedos de la prótesis envían señales eléctricas directamente a los nervios periféricos del brazo del paciente. Mediante algoritmos de inteligencia artificial, estas señales se traducen en impulsos que el cerebro interpreta como sensaciones táctiles. Por primera vez, los pacientes no solo pudieron identificar la dureza de un objeto con los ojos vendados, sino que describieron la sensación como “natural”, alejándose de los hormigueos eléctricos que producían los experimentos anteriores.
Más allá de la movilidad
Este descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más allá de la ortopedia. La capacidad de integrar dispositivos electrónicos con el sistema nervioso central abre la puerta a tratamientos para lesiones medulares y enfermedades neurodegenerativas. Si podemos enviar señales sensoriales al cerebro de forma efectiva, estamos un paso más cerca de restaurar funciones perdidas de manera integral. La biónica ya no solo busca que las máquinas se muevan como nosotros, sino que nos permitan percibir el mundo a través de ellas.
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Fuentes:
Nature Biomedical Engineering (Neural feedback in prosthetic limbs).
Science Translational Medicine (Restoring tactile sensations).
MIT Technology Review (The future of bionic senses).
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