La logística es el mayor enemigo de la exploración espacial profunda. Enviar un kilo de material a la Luna o a Marte cuesta miles de dólares y meses de planificación. Sin embargo, la Agencia Espacial Europea (ESA) acaba de demostrar que la solución no está en llevarlo todo desde la Tierra, sino en fabricarlo allí arriba. Por primera vez en la historia, se ha impreso con éxito una pieza de metal en la Estación Espacial Internacional (ISS).
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El reto físico de imprimir metal en el espacio
Imprimir en 3D con plástico en microgravedad es un reto que ya se había superado, pero el metal es un juego totalmente distinto. El proceso implica fundir un hilo de metal (acero inoxidable en este caso) mediante un láser de alta potencia a temperaturas que superan los 1.400°C. En la Tierra, la gravedad ayuda a que el metal fundido se asiente capa sobre capa. En la ISS, los científicos de la ESA y Airbus tuvieron que rediseñar el proceso para que la tensión superficial y la gestión del calor mantuvieran la forma de la pieza sin que el metal líquido “flotara” o creara burbujas internas que debilitaran la estructura.
¿Por qué este hito es un punto de inflexión?
Este experimento no es solo una prueba de concepto; es el pilar de la futura economía cislunar:
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Reparaciones críticas: Si una pieza de soporte vital falla en una futura base lunar, los astronautas podrán fabricar un repuesto de alta resistencia en cuestión de horas.
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Reducción de residuos: La capacidad de fundir y reutilizar piezas metálicas antiguas permitirá un ciclo de vida circular en las estaciones espaciales.
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Estructuras de gran tamaño: En el futuro, piezas demasiado grandes para caber en un cohete podrán imprimirse directamente en órbita para ensamblar naves o telescopios gigantes.
Este éxito técnico nos acerca un paso más a la visión de bases permanentes fuera de nuestro planeta, donde la dependencia de los suministros terrestres sea cosa del pasado.
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